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España ha vuelto a posicionar su estrategia de movilidad y prevención vial como un referente en el ámbito mundial. Durante la pasada Reunión de Alto Nivel para Mejorar la Seguridad Vial de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, se expuso cómo la determinación política y la colaboración social han permitido transformar una problemática crítica en un avance tangible.

Los datos confirman este cambio de tendencia: en las últimas dos décadas, nuestro país ha reducido su tasa de mortalidad vial de 128 a 37 fallecidos por millón de habitantes, consolidándose entre las naciones con mejores resultados en esta materia.

Este logro no es producto del azar, sino del compromiso sostenido entorno a tres ejes fundamentales: la centralidad de las víctimas y sus familias como motor del cambio, la alineación de todos los sectores de la sociedad (administraciones públicas, empresas y tercer sector) y la aplicación rigurosa de marcos normativos enfocados en mitigar las conductas de riesgo, como las distracciones o los excesos de velocidad.
Medidas vanguardistas como el límite de 30 km/h en vías urbanas de un solo carril, el despliegue de las balizas conectadas V-16 o el avance hacia tasas de alcohol de 0,1 mg/l reflejan la firme convicción de que los siniestros de tráfico son evitables
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Fernando Grande-Marlaska, Ministro del Interior.

A pesar de estos avances significativos a nivel global e institucional, no podemos caer en la autocomplacencia.
La verdadera dimensión del problema se manifiesta con crudeza cada fin de semana en nuestras carreteras, donde la pérdida irremplazable de vidas nos recuerda la urgencia de mantener una vigilancia activa. Cada fin de semana, el goteo constante de fallecidos empaña los balances estadísticos y evidencia que detrás de cada cifra hay familias rotas y proyectos de vida truncados.

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En Asociación DIA entendemos que el conocimiento sobre las causas y las soluciones eficaces ya existe.
El verdadero desafío al que nos enfrentamos estriba en transformar cada norma y cada decisión pública en un compromiso humano indestructible
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Un sistema de movilidad verdaderamente seguro no se mide únicamente por las cifras consolidadas a fin de año, sino por la capacidad real de proteger a cada persona que sale a la carretera durante un fin de semana.
La meta de reducir las víctimas a la mitad para el año 2030 es alcanzable, pero solo se logrará si mantenemos viva la memoria de quienes sufrieron un siniestro y convertimos la autorresponsabilidad en nuestro hábito diario más riguroso
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