La realidad de nuestras carreteras arroja una cifra que no podemos ignorar: Durante el año 2024, 441 motoristas perdieron la vida en España. Este colectivo se ha convertido en el único que no logra mejorar sus índices de siniestralidad, representando ya el 25% del total de víctimas mortales, a pesar de que las motocicletas solo suponen el 12% del parque de vehículos.
La tendencia es alarmante, especialmente durante los fines de semana donde la vulnerabilidad se acentúa. En poco más de una década, el peso de los motoristas en la mortalidad vial ha pasado del 18% en 2013 a casi el 25% actual. Esta situación sitúa a España por encima de la media de la Unión Europea, con una tasa de mortalidad del 23% frente al 16% comunitario, lo que nos obliga a una profunda reflexión y acción inmediata.

El perfil del riesgo: Entre la percepción y la realidad en el asfalto
Los estudios presentados por la DGT (realizados por INSIA, Applus IDIADA y Sigma Dos) desvelan que uno de cada cuatro motoristas ha sufrido al menos un siniestro en los últimos diez años. Existe una brecha notable en la percepción del peligro: mientras que el 69,5% de las mujeres considera que el riesgo es alto o muy alto, esta cifra baja al 43,2% en los hombres. Incluso, un 10% de los conductores percibe que se expone a un riesgo bajo o muy bajo, a pesar de que más de la mitad reconoce realizar prácticas inseguras como zigzaguear entre vehículos, usar el arcén o circular con exceso de velocidad.
El análisis también pone el foco en factores técnicos y demográficos determinantes:
El tipo de vehículo: Las scooters representan el 51,1% del parque, pero concentran el 60,8% de los siniestros.
La experiencia: Se ha identificado al grupo de los reborn —motoristas que retoman la conducción tras un largo periodo— como un colectivo con necesidades específicas de formación.
Edad y potencia: Los menores de 24 años tienen el mayor riesgo por kilómetro, aunque la mortalidad absoluta se concentra en grupos de mayor edad con motos de potencia media-alta.
Esperanza en la protección: La formación y el equipamiento como salvavidas
El equipamiento técnico es, literalmente, la diferencia entre la vida y la muerte:
Casco: Su uso reduce el riesgo de fallecimiento en un 42% y las lesiones en la cabeza en un 69%.
Ropa técnica y Airbag: La ropa con protectores disminuye la probabilidad de lesiones entre un 23% y un 45%, y reduce las abrasiones hasta en un 90%.
Guantes y Botas: Los primeros reducen a la mitad las lesiones en las manos, y el calzado técnico protege hasta un tercio de las lesiones en pies y tobillos.
Finalmente, el nuevo Reglamento de Circulación que se tramita para este año traerá cambios vitales, incluyendo la obligatoriedad de guantes y calzado cerrado, así como chalecos reflectantes para profesionales. Cada medida adoptada es un paso más hacia un futuro donde ninguna pasión por las dos ruedas termine en tragedia.



Un paso más hacia un futuro donde la carretera deje de ser un peligro constante.
Desde Asociación DIA queremos remarcar que detrás de cada una de las 441 víctimas mortales registradas en 2024 hay una silla vacía y una familia rota que nos recuerda la urgencia de nuestra labor. No podemos aceptar como una cifra inevitable que el peso de los motoristas en la mortalidad vial haya crecido del 18% al 25% en poco más de una década.
Especialmente al llegar el fin de semana, cuando el asfalto se vuelve más exigente, debemos recordar que la prevención es nuestra herramienta más poderosa: la formación técnica ayuda a mejorar al 90% de los conductores y el uso de equipamiento especializado puede reducir el riesgo de fallecimiento en un 42%.
Que el compromiso con la seguridad sea nuestro mejor compañero de viaje para que, al final de cada trayecto, la única noticia sea el regreso a casa.






