La Dirección General de Tráfico ha puesto en marcha una nueva campaña especial de vigilancia y control del consumo de alcohol y otras drogas al volante, activa desde el 13 hasta el próximo domingo 19 de julio.
A lo largo de esta semana, los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, en colaboración con las policías autonómicas y locales que se sumen a la iniciativa, intensificarán de manera notable los controles preventivos tanto en las carreteras de la red nacional como en las vías urbanas.
Esta movilización responde a una necesidad crítica de concienciación y prevención ante uno de los factores de riesgo más persistentes y destructivos de nuestras carreteras.
Una realidad preocupante en las cifras de siniestralidad
El alcohol se mantiene firmemente como el segundo factor concurrente más habitual en los siniestros de tráfico en nuestro país. Su presencia estuvo vinculada directamente al 28% de los siniestros mortales registrados por la DGT en 2024, lo que se tradujo en la pérdida irreparable de 273 vidas.
A pesar de las constantes llamadas a la prudencia, los datos de los últimos años muestran una tendencia ascendente que no podemos ignorar:
Incremento acumulado: El número de fallecidos en siniestros viales donde al menos un conductor dio positivo en las pruebas de alcoholemia aumentó un 9% en 2024 en comparación con el año anterior, y supone un preocupante incremento del 24% respecto a 2019.
Hallazgos toxicológicos: Según la Memoria del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF), el 34% de los conductores fallecidos sometidos a autopsia dio positivo en alcohol, y el 16,4% en drogas. Es especialmente alarmante que el 23% de estos conductores fallecidos presentara una tasa de alcohol superior a los 1,20 mg/l.
La inmensa mayoría de estos positivos (el 88,8%) se detecta gracias a los controles preventivos. Este dato confirma la vital importancia de estos dispositivos policiales para apartar de la circulación a aquellos conductores que ponen en peligro su propia integridad y la de todos los usuarios de la vía. Especialmente durante los fines de semana, momentos en los que tradicionalmente se registra una mayor concentración de siniestros graves vinculados al consumo de alcohol y el ocio nocturno.

La única tasa segura es la tasa cero
Los efectos del alcohol en nuestras capacidades psicofísicas son inmediatos y devastadores para la seguridad en la conducción. Su consumo ralentiza de forma drástica el tiempo de reacción, fomenta la subestimación de la velocidad, disminuye la coordinación y provoca el peligroso “efecto túnel” en la visión.
El riesgo de sufrir una colisión aumenta de manera exponencial a medida que se incrementa la concentración de alcohol en sangre, incluso dentro de los límites actualmente permitidos por la normativa vigente:
| Tasa de alcohol en sangre | Incremento del riesgo de colisión |
| 0,5 g/l | Se multiplica por dos
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| 0,8 g/l | Se multiplica por cinco
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| 1,5 g/l | Se multiplica hasta veinte veces
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Desde un punto de vista científico y estadístico, la única tasa realmente segura para ponerse al volante es la tasa 0,0%. Referentes mundiales en seguridad vial, como Suecia o Noruega, adoptaron en su día límites extremadamente restrictivos (0,1 mg/l en aire espirado) obteniendo como resultado reducciones de hasta el 12% en siniestros con víctimas y del 8% en siniestros mortales.
Un compromiso compartido por la vida
Como sociedad, no podemos normalizar estas cifras. Detrás de cada porcentaje hay proyectos de vida truncados, familias rotas y secuelas que perduran para siempre. La conducción bajo los efectos de sustancias psicoactivas no es solo una infracción administrativa; cuando se superan determinados límites, la normativa penal establece con firmeza penas de prisión. Solo en 2025, un total de 47.103 conductores fueron condenados penalmente por delitos de conducción bajo la influencia del alcohol y las drogas.
Más allá de la sanción legal o penal, la consecuencia más profunda e irreversible es la carga moral y emocional con la que convive quien, por una imprudencia evitable, arrebata la vida a otra persona o se condena a sí mismo a secuelas permanentes. En este sentido, la colaboración de organizaciones y voluntarios que trasladan su testimonio en primera persona en los propios controles de tráfico resulta un pilar fundamental para sacudir la complacencia y la falsa sensación de control de muchos conductores.
Nuestra misión colectiva debe ser siempre la de proteger la vida en el asfalto. Cada decisión individual cuenta, y elegir no beber antes de conducir es el mayor acto de respeto y empatía hacia los demás.
Desde nuestra posición en Asociación DIA, observamos estas campañas no solo como una herramienta indispensable de disciplina vial, sino como una llamada urgente a la reflexión individual y colectiva.
Cada control en carretera representa una oportunidad para evitar una tragedia y salvar vidas que de otro modo podrían perderse en un instante de imprudencia. Creemos firmemente que la educación y la concienciación social, unidas a una vigilancia rigurosa, son la única senda posible para alcanzar el objetivo cero víctimas en nuestras carreteras.
La seguridad de todos es un camino que debemos construir juntos, con responsabilidad y absoluto respeto por la vida.






