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Para muchas personas, el regreso al hogar tras una estancia hospitalaria o el simple hecho de envejecer se convierte en una carrera de obstáculos. Un par de escalones en el portal, antes invisibles, se transforman de repente en un muro infranqueable que dicta quién puede salir a la calle y quién queda confinado entre cuatro paredes.

Hoy damos un paso decisivo para derribar esos muros. El reciente anteproyecto de ley que reforma la Ley de Propiedad Horizontal marca un antes y un después en la lucha por la autonomía personal, situando la dignidad por encima de los presupuestos.

La accesibilidad deja de ser una concesión para ser un derecho

Hasta ahora, la eliminación de barreras arquitectónicas en las comunidades de vecinos estaba sujeta a un límite económico estricto: si el coste superaba las doce mensualidades de gastos comunes, la obra podía quedar bloqueada. Esta barrera administrativa condenaba a muchas personas con discapacidad o mayores de 70 años a vivir en edificios que no respetaban sus necesidades básicas.

Los pilares de la nueva reforma:

  • Obligatoriedad sin límites de coste: Siempre que existan ayudas públicas que cubran al menos el 75% de la inversión, la comunidad estará obligada a ejecutar las obras (instalación de ascensores, rampas o plataformas), independientemente del importe total.

  • El respaldo del Estado: La creación del Fondo Estatal para el Fomento de la Accesibilidad Universal es la pieza que faltaba en el engranaje. Este fondo garantiza que la falta de liquidez no sea un argumento para negar el derecho al movimiento.

  • Inclusión real: Esta medida no solo beneficia a quienes hoy usan una silla de ruedas; prepara nuestros edificios para una sociedad que envejece y que aspira a vivir con plenitud en su entorno de siempre.

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Un compromiso con la autonomía personal

Desde nuestra labor diaria, defendemos que la verdadera inclusión comienza en el lugar donde vivimos. No podemos hablar de igualdad de oportunidades si una persona no es capaz de cruzar el umbral de su propia casa sin ayuda externa.

En Asociación DIA instamos a las juntas de propietarios y administradores de fincas a recibir este cambio legislativo con sensibilidad y altura de miras. Adaptar un edificio no es solo cumplir con un trámite legal; es un acto de respeto hacia la vida y el futuro de todos los vecinos. Porque una sociedad que elimina sus barreras es, sin duda, una sociedad más libre.