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Perder a un ser querido no es sencillo. Para afrontar el duelo por fallecimiento hay hacer frente a una serie tareas para conseguir aceptar la nueva situación, reconstruir nuestra identidad, nuestra vida y ser capaces de recordar a la persona fallecida.

 

¿Qué es el duelo por fallecimiento?

 

El duelo por fallecimiento es uno de los retos a los que se enfrentan las familias y amigos/as de las víctimas de accidentes mortales. Las personas somos seres sociales por naturaleza, interactuamos con otras personas y nos servimos de estas relaciones para crecer, desarrollarnos y sobrevivir. En consecuencia, establecemos vínculos que conllevan cierta dependencia, con mayor o menor intensidad, e implican un cariño.

Cuando estos vínculos se rompen nos encontramos ante una pérdida que provoca un estado emocional conocido como duelo.

Cuando la pérdida es definitiva, como en el caso del fallecimiento de una persona, el bienestar personal se ve alterado a nivel físico, emocional, cognitivo, conductual, social e incluso espiritual. El grado de afectación que siente la persona dependerá factores como la relación con la persona fallecida, las circunstancias de su fallecimiento, el apoyo social que reciba, el entorno socio-familiar, las habilidades personales para superar el duelo, si se recibe o no atención profesional, etc.

 

El proceso de duelo por fallecimiento

Numerosos estudios e investigaciones hablan de varias etapas o tareas en el proceso de duelo. A pesar de esto, desde nuestro Departamento de Atención a Víctimas sabemos que no se trata de un proceso lineal y rígido, cada persona puede solapar o mezclar entre sí estas etapas o tareas.

Cada persona tiene su ritmo, sus estrategias y manera de gestionarlo. Como ya se ha dicho, el dolor es distinto para cada persona, independientemente de la pérdida que haya tenido. Es importante respetarlo.

El psicólogo William Worden, una de las eminencias internacionales en el tratamiento del duelo, define las tareas del duelo como los pasos a realizar que la persona que sufre la pérdida debe realizar para poder “elaborar el duelo de forma correcta”. Hablar más bien de tareas en lugar de en fases da al sujeto un papel más activo reduciendo la sensación de frustración.

 

Tareas del duelo

 

1. Aceptar la realidad de la pérdida

Ante la noticia del fallecimiento de un ser querido surge en primer lugar una sensación de incredulidad. Especialmente cuando hablamos de accidentes, que son acontecimientos inesperados, pero también cuando la muerte era esperada, nos negamos a aceptarlo. Incluso en casos en que la muerte era esperada aparece la negación de dicha realidad. Entramos en una especie de estado de shock que nos impide aceptar la realidad de los hechos.

La primera tarea del duelo: afrontar la realidad de que nuestro ser querido ha muerto y, por lo tanto, ya no volverá.

Los profesionales de atención psicológica a víctimas de accidentes que trabajan con nuestra asociación nos explican que en este primer momento el trabajo se centra en la negación. “Asimilamos la pérdida a nivel cognitivo, entendiendo y aceptando el significado de que la persona ya no está. En estos momentos iniciales puede que todavía no identifiquemos y/o no expresemos emociones o puede que nos invada un gran dolor desde el momento del recibimiento de la noticia.”

proceso de duelo por fallecimiento

ES RECOMENDABLE: Recordar a la persona fallecida, hablar sobre ella, sobre las circunstancias que rodearon su muerte; recordar la relación que se mantenía con ella; hablar sobre sus virtudes, sus defectos, anécdotas; dónde estaba el familiar en el momento de la muerte; cómo fue la despedida (entierro, funeral, etc.).

La aceptación no sólo debe de ser intelectual, sino emocional. 

 

2. Elaborar el dolor de la pérdida

El dolor y la pena ante la pérdida de un ser querido dependerá en gran medida del tipo de vínculo que existía con esta persona. Las emociones vividas con la persona y su intensidad pueden hacer variar el dolor.

Nadie está preparado para perder a un hijo o hija, no es el orden natural de las cosas.” dice Canes, “aún así, con ayuda, encontramos las herramientas para salir adelante”.

En ocasiones, se intentan evitar emociones como la tristeza o la rabia porque nos resultan demasiado dolorosas. Sin embargo, es importante poder expresar el estado emocional ya que la negación del dolor puede conllevar un mayor sufrimiento posterior.

ES RECOMENDABLE: Ser capaces de identificar y expresar los sentimientos, trabajar el impacto emocional que nos supone la pérdida será necesario para poder elaborar de forma correcta el dolor. El apoyo social de familiares y amigos es de gran ayuda en estos momentos ya que pueden ayudarnos a verbalizar lo que sentimos.

 

3. Adaptarse la vida sin la persona fallecida

Cuando perdemos a un ser querido, nuestra vida se trastoca y hay cosas que no volverán a ser como antes. Debemos adaptarnos a una nueva situación, teniendo en cuenta que la persona fallecida desarrollaba ciertos roles, asumía determinadas responsabilidades y daba significado a algunas partes de nuestro yo. Desde nuestro Departamento de Atención a Víctimas hablamos de varios niveles de adaptación:

  • Adaptación externa: encontrar la forma de vivir el día a día sin la persona fallecida. También se deberán tomar nuevas responsabilidades, desarrollar nuevas habilidades y asumir roles que antes desempeñaba la persona fallecida. Por lo tanto, esta tarea implica adaptarnos a nuestra nueva vida cotidiana.

proceso de duelo por fallecimiento-accidente-asociación DIA

“Las circunstancias socio-familiares son muy importantes, cuando la persona que pasa el duelo tiene hijos/as, suele salir adelante con más facilidad, pues inevitablemente debe seguir el día a día, cubrir muchas necesidades vitales de sus hijos/as -que no pueden esperar-. “ dice Francisco Canes Doménech, presidente de Asociación DIA.

  • Adaptación interna: ¿Quién soy ahora? Con la muerte, se pierde una parte de la identidad que se deberá reconstruir. El duelo puede menoscabar la sensación de eficacia personal. Puede suponer una regresión intensa donde la persona se ve a sí misma como impotente, inepta, incapaz, infantil o empobrecida en lo personal. Los intentos por desempeñar los roles del fallecido pueden fracasar y reducir más la autoestima. Por ello, se deberá crear una nueva identidad personal que se verá influenciada por la incidencia que la muerte puede tener en sobre la redefinición personal, el amor propio y la sensación de eficacia personal.

 

  • Adaptación espiritual: encontrar nuevas formas de entender el mundo y darle un sentido. La pérdida pone en duda aspectos como la benevolencia del mundo, el sentido de la vida… Se debe reajustar, reconstruyendo determinados valores y creencias y buscando nuevos significados para que no se tambalee. De este modo dotamos de sentido a esta pérdida y recuperamos la sensación de control.

 

4. Encontrar una conexión duradera con la persona fallecida mientras se comienza una nueva vida.

La aceptación de la pérdida no significa que la relación con la persona fallecida ha concluido. En esta tarea se trata de encontrar la forma de continuar la conexión con esa persona de una forma normal y saludable. Para proseguir con nuestras vidas, a pesar de la pérdida, buscamos un lugar simbólico donde recolocar emocionalmente y también cognitivamente a la persona fallecida. Se trata de encontrarle un lugar adecuado que permita recuperar nuestro interés por la vida, sentir esperanza, descubrir nuevos aspectos de uno/a mismo/a y construir nuevas relaciones.

Recibir terapia psicológica desde el primer momento puede ayudar en el proceso de duelo por fallecimiento, y además, conviene saber que los gastos derivados de esta atención psicológica están cubiertos por la aseguradora en los siguientes términos:

“Excepcionalmente, los familiares de víctimas fallecidas mencionados en el artículo 62, así como los de grandes lesionados, tienen derecho a ser resarcidos por los gastos de tratamiento médico y psicológico que reciban durante un máximo de seis meses por las alteraciones psíquicas que, en su caso, les haya causado el accidente.” Artículo 36, Capítulo I, Título IV, de Ley 35/2015, de 22 de septiembre, de reforma del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación (Baremo de indemnización)

 

Si necesitas más información puedes contactar con nuestro Departamento de Atención a Víctimas llamando al 900 70 77 11. También puedes escribir a info@asociaciondia.org o rellenando el formulario de contacto